Firma nuestra petición

8 de octubre de 2016

Señor:
Juan Manuel Santos Calderón
Presidente de la República

Señor:
Humberto de la Calle Lombana
Jefe Equipo Negociador

Señor:
Sergio Jaramillo Cano
Alto Comisionado para la Paz

Señor:
Rafael Pardo Rueda
Ministro del Posconflicto

Señor:
Rodrigo Londoño Echeverri
Comandante FARC-EP

Señores:
Representantes del No
Partidos políticos y Movimientos Sociales

Señores:
Representantes del Sí
Partidos políticos y Movimientos Sociales

Cordial saludo para todos ustedes,

Ante la importancia del momento histórico por el que atraviesa Colombia, nosotros, un grupo de colombianos en el exterior, queremos hacernos partícipes de la discusión colectiva que el país entero debe emprender, de cara a los resultados del plebiscito celebrado el pasado 2 de octubre de 2016.

Las razones que nos impulsaron a muchos de nosotros a salir del país, a simple vista, pueden parecer muy diversas. Algunos lo hicimos en busca de nuevas oportunidades. Otros partimos porque buscábamos espacios de formación y de educación que, lastimosamente, aún son inexistentes en Colombia. Unos cuantos, lo hicimos porque queríamos conocer el mundo, tener nuevas oportunidades, ampliar nuestros horizontes. Muchos de nosotros nunca quisimos partir, y nos vimos obligados a hacerlo empujados por el miedo y la amenaza. Sin embargo, todos tenemos algo en común: no queríamos que el “no se puede” nos venciera. Por eso aceptamos pagar el precio del desarraigo y de la nostalgia. Por eso hoy escribimos desde este lugar impreciso y lejano: el exterior.

No obstante, nunca hemos sido ajenos a lo que pasa en nuestro país y mucho menos a lo que está pasando en este momento. La posibilidad de construir un acuerdo de paz en Colombia representa para nosotros un llamado a la esperanza. Después de 50 años de conflicto armado entre colombianos, la guerra nos había robado la posibilidad de creer. El miedo se instaló en nuestro espíritu, nos paralizó y nos silenció. La fractura, la confrontación y la polarización en las que ha estado sumida Colombia por décadas son hijas de ese miedo.

Sin embargo, los cuatro años de negociación entre el Gobierno y las FARC-EP nos pusieron a pensar que era posible transformar el miedo y optar por el perdón, la reconciliación y la reconstrucción de un país donde haya espacio para todos. Creemos que Colombia puede dejar de ser el país de los imposibles y que, a pesar de los cerrados resultados del plebiscito, los acuerdos a los que se ha llegado después de más de cuatro años de diálogo no pueden ser tildados, de manera irresponsable y egoísta, como letra muerta.

Desde diferentes lugares del mundo nos sentimos obligados a pedir respeto por las víctimas del conflicto armado en Colombia, que durante más de 50 años nos han enseñado el valor de la resistencia y el perdón. Estas víctimas de una guerra que nunca fue suya, siguen quedando atrapadas en el medio de la polarización y del olvido. Es por ellas, por su humildad, por la nobleza con la que han construido el país, por su entrega y su perdón generoso que hoy necesitamos actuar.

Todos los colombianos estamos en deuda con ellas. 6.8 millones de desplazados esperan regresar a sus hogares. Queremos que regresen, que puedan escribir de nuevo su historia, que puedan mirar serenamente a sus hijos a los ojos y asegurarles que lo que pasó no se va a repetir. Queremos hablar para ellos y por ellos. Nuestras voces vienen de lejos, pero cargadas de fuerza, de intensidad, de respeto y admiración por la valentía que nos han mostrado y que siguen mostrándonos.

Desde la distancia, queremos ayudar a construir un país incluyente en el que sólo nos enfrentemos con las palabras. Queremos una Colombia sin vetos, sin riesgos, sin miedo. Queremos la discusión que nutre, que nos ayuda a crecer y nos prepara para enfrentar nuevos retos, nuevas apuestas.

Creemos que es fundamental que el proceso siga su curso. La búsqueda de la paz es un deber adquirido por todos los colombianos tras tantos años de guerra y violencia. Es un deber heredado, pero no por eso es potestativo. Es un deber para muchos foráneo, pero no por eso es excluyente. Todos debemos comprometernos a continuar con este proceso, sin embargo, son ustedes, sus líderes, quienes están obligados a garantizar su continuidad y a facilitar los mecanismos de participación que permitan que los ciudadanos colombianos podamos asumir nuestro deber con la paz. Esto implica abrir el espacio al diálogo sobre el respaldo al acuerdo, sin que por ello se deba abrir a discusión plena todo el contenido de los mismos.

Ante el limbo actual el cese bilateral al fuego es el frágil eslabón entre la guerra y la paz. La conformación de un tribunal especial para la paz es un compromiso con las víctimas, es también un acto de transparencia ante la comunidad internacional que, desde el primer momento ha apoyado el fin del conflicto y de quién en este momento depende, en gran medida, la disponibilidad de recursos para garantizar dicha transición.
Muchos colombianos hemos demostrado nuestro compromiso en este momento histórico. Es hora de que aquellos que ocupan posiciones de poder hagan lo mismo. Este es un proceso que va más allá de los intereses individuales y que tiene implicaciones demasiado profundas como para ser reducido a una plataforma electoral de cara a las presidenciales del 2018. No podemos olvidar que el sueño de la paz nunca ha estado tan cerca de convertirse en realidad. No dejaremos que nos lo secuestre la maquinaria política.

Les pedimos entonces que actúen con grandeza y eficiencia. Que acepten que no existen acuerdos sin concesiones, de parte y parte. Esperamos que quienes plantearon sus reparos a los acuerdos nos den ahora propuestas concretas, razonables y tendientes al bien común, no al mantenimiento de los privilegios de unos pocos. Queremos una agenda concreta que nos permita tener la paz antes que ustedes la usen como argumento electoral.

Nos permitirnos parafrasear a Gabriel García Márquez, para decirles que no queremos ser una estirpe condenada a vivir otros cincuenta y dos años de guerra y soledad y que esperamos que no sean ustedes quienes nos impongan semejante condena. Confiamos en que ustedes sabrán tomar las decisiones que la paz y el mundo les exigen en este momento histórico.

Llenos de esperanza,

Colombianos en el exterior por la paz

#AcuerdoYA #PazALaCalle

¡Únete a esta iniciativa!

Firma acá

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2 thoughts on “Firma nuestra petición

  1. Conmovedora, clara, precisa…. Ojala, que los que tienen que tomar decisiones tomen nota de la misma para que no haya más víctimas
    Les felicito por la iniciativa

    Liked by 1 person

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